Notas del 28 de enero de 2014

«Etnias en México, rumbo a la extinción». México.- México tiene 68 etnias, rostros indígenas que están en casi todo el país, pero que para muchos son invisibles. Viven en desiertos y montañas, conocen las selvas y dominan tierras agrestes como nadie, pero pocos se percatan de los flagelos que los condenan a la desaparición. Se enfrentan a la pobreza, a la falta de servicios y de educación, al despojo de sus tierras y al olvido; también han sido víctimas de discriminación y objeto de burlas por su origen, lengua, rasgos, color de piel, creencias y formas de vestir, pero ahora hasta la expansión del crimen organizado los está amenazando, alertan expertos. De las 68 etnias mexicanas que existen en la actualidad 14 están en riesgo, y «la discriminación es uno de los factores que más ha puesto en riesgo su supervivencia», lamenta Federico Navarrete Linares, doctor en Estudios Mesoamericanos por la UNAM. De acuerdo con la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), los 14 pueblos en riesgo son los kumiai, k’iche’, kickapoo, ixcateco, pápago, paipai, qato’k/motocintleco, cucapá, kaqchikel, ixil, teko, kiliwa, oluteco y ayapaneco. Con base en el Censo de Población y Vivienda 2010 del INEGI, la CDI publicó en su informe anual de 2011 que dichos pueblos están en riesgo porque tienen menos de mil pobladores. Ayapanecos, por ejemplo, sólo quedan 57. (Universal; Vanguardia)

«En lenguas indígenas escribimos de un nosotros, dice autora en lengua tzotzil». Chiapas, México.- Ser un escritor en lenguas originarias es muy distinto a serlo en idioma español. En nuestra lengua (en mi caso, el tzotzil) se habla de una colectividad, escribimos de un nosotros, no de un yo que habla de una manera muy interna, aunque ahora hay muchos compañeros que comienzan a hablar de sí mismos. La afirmación es de Enriqueta Lunez (San Juan Chamula, 1981), quien a finales de 2013 publicó el libro Cantos de luna, publicado por Pluralia Ediciones con el auspicio del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, en una serie que incluye a las poetas Irma Pineda (zapoteco), Celerina Patricia (mixteco), Juana Karen (chol) y Mikeas Sánchez (zoque). “Hablar de mi propia experiencia es hablar al mismo tiempo de una experiencia compartida, tiene que ver con la raíz de la identidad de un pueblo. Por ejemplo, el poema Chamulita habla de la experiencia no sólo de un chamulita, sino de otro indígena que camine por la ciudad, ya que en la secundaria, en San Cristóbal, fui muy señalada, aprendí que la palabra chamulita tiene un sentido peyorativo, significa sucio, atrasado. (Jornada)

«El último canto de los kiliwas». México.- Cerca del Valle de la Trinidad, al pie de la sierra de San Pedro Mártir, se escucha a don Leandro Maytorell entonar en voz grave y muy bajita tristes melodías. Los pocos que lo han oído, al menos eso se imaginan: recuerdos del dolor. Su cuerpo delgado y los surcos en el rostro confiesan el sufrimiento. Todos saben que con don Leandro se irán los últimos versos: se aproxima el final del «cantante». El corazón indígena de los otros también ha comenzado a extinguirse; las piernas y brazos de «los guerreros» no pelearán más. Al parecer la resistencia ha terminado. Don Leandro y los demás son los últimos sobrevivientes del pueblo kiliwa, grupo indígena a punto de extinguirse ante la marginalidad, discriminación y desinterés por parte de los gobiernos mexicanos. En el ejido kiliwa viven unas 40 personas, de las cuales solo cinco hablan la lengua kiliwa. Con el pasar del tiempo han sido despojados de sus tierras. «Ya no queda nada, nada, ya se murieron todos. Antes (había) mucha gente, ahora nada. Ya se fueron todos. Antes sí (había) mucha gente, puros kiliwas aquí, pero se acabaron todos, toditos se acabaron», dice Hipólita, una de las cinco indígenas kiliwas que sobrevive. Las familias kiliwa casi no tienen hijos. Existe una versión entre la comunidad de que hace varias décadas acordaron no reproducirse por las condiciones de desigualdad, sin embargo, los líderes actuales la desaprueban. El hecho es que los pocos descendientes decidieron emigrar a otras comunidades y mezclarse con la gente «mexicana», como ellos mismos les llaman. En la comunidad kiliwa se calcula que actualmente solo viven menos de 10 niños y jóvenes, que no hablan la lengua. (Universal)

«Atorado el catálogo de pueblos indígenas». México.- El catalogo de pueblos y comunidades indígenas levantado en 31 municipios de Hidalgo, con el cual se pretendían dar mayores atribuciones legales al sector, se encuentra empantanado pues a casi un año de su creación no ha sido publicado en el periódico oficial del estado. Además existe adeudo de más de 700 mil pesos a la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), recurso que no aportaron algunas presidencias municipales, informó el presidente de la comisión para el desarrollo integral de los pueblos indígenas del congreso local, Luciano Cornejo Barrera. Sin dar mayor dato, el legislador de extracción perredista señaló que existen voces que aseguran que el trabajo fue “tendencioso”. Sin embargo para desatorar la investigación que hicieron antropólogos de la universidad y avanzar en los temas legislativos, el legislador propondrá una auditoría. Este catálogo tuvo un costo aproximado de 3 millones 700 mil pesos que se pagarían a la máxima casa de estudios del estado; los recursos provenían del Congreso local, de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) y de los 31 ayuntamientos involucrados. (Criterio)

«La Editorial 3 Abejas pugna por abrir espacios a las lenguas indígenas». México.- Fomentar la lectura es uno de los objetivos primordiales de la Editorial 3 Abejas y para cumplir con tal encomienda creó la colección Cuéntamelo otra vez, dedicada a niños de prescolar, la cual está integrada por 15 títulos, tres de ellos traducidos al tzeltal, tzotzil y náhuatl que serán presentados este 1º de febrero en la Biblioteca de México José Vasconcelos. La directora del sello editorial, Marisela Aguilar, al recordar cifras de la Encuesta Nacional de Lectura de 2012, indicó a La Jornada que a quien de pequeño le leen un cuento tiene 17 por ciento más de probabilidad de convertirse en un lector de grande, mientras una persona a la que nunca se le leyó tiene 64 por ciento de posibilidades de no leer nunca en su vida adulta. Las datos que arrojó la encuesta también confirmaron que hubo una disminución de lectores, mencionó la editora, porque de 56.4 de los mexicanos que decía que leía libros en 2006 bajó a 46.2 por ciento en 2012. (Jornada)

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